lunes, 14 de noviembre de 2011

DE TÍ

Cómo controlar la excitación lamentable de mi corazón,

cómo cerrarle los labios a tu corazón cuando clama por el latido de otro,

cómo consolar la sensación en mi vientre que baja desde el rojo afluente,

dejo pués desangrando a mi corazón porque demanda las venas del tuyo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

LA GRAN MELANCOLÍA DE LA HORA DEL TÉ

LOS PÁJAROS CIUDAD



Su metálico pillar es lo primero que atrapa,
aclarada la tarde pueden verse en parvadas,
parvadas negras de pájaros ciudad,
que contrastan con la tarde roja
sobria toda ella impone a la realidad.

Una tarde caminando usé la mirada hacia arriba,
y las parvadas vivas vieron mi mirada humana,
más rápido volaron aquellos seres alados de la nada
que por la mañana se tejen entre cables de acero
protegiendo a su nido y próximas camadas.

Una tarde traté de verlos más de cerca
y alcancé a ver –¡de verdad no me equivoco! garras metaleras
todas ellas bien pulidas llegaban hasta su barriga
y de allí para arriba un suave plumaje acababa en la cresta
de los pájaros ciudad que también usaban cascos de guerra.

Silvando, caminando, corriendo, peleando, estupidizando pasaba la gente
mientras tanto volaban sobre nuestras cabezas sin que fueran reconocidos
nos acechaban porque la guerra ya estaba declarada
los pájaros ciudad pronto llegarían hasta acá abajo a castigar.
Pero silvando, caminando, corriendo, peleando, estupidizando, seguía pasando la gente.

Hasta que por fin se apareció nuestra suerte
deborados todos quedamos atrapados
en los cogotes de los pájaros ciudad
que nunca más nos pudieron tragar ni aniquilar.

Ahora somos parte de su cuerpo
llenos de odio se encuentran ellos
pobres pájaros ciudad
entre hombres, metal y seres alados
han quedado así para la eternidad.

viernes, 21 de octubre de 2011

ENTRE LOS ACONTECIMIENTOS DE LA LUCHA ARMADA INTERNACIONAL Y LOS DEL CORAZÓN

Dos celebradas noticias internacionales se cruzaron ayer 20 de octubre de 2011 en los medios masivos de comunicación del mundo: la muerte de Gadafi por un revolucionario libio de 18 años --creo que eso es pura mitología periodística-- y el desistimiento del grupo terrorista ETA a aterrorizar a buena parte de la comunidad española y francesa. Con este último hecho queda claro que quienes se empeñan en la violencia, sobre todo hacia sus propios pueblos, quedarán siempre, pero, siempre, condenados al fracaso personal pero, sobre todo, histórico, sino, que vuelva la historia al presente.

Pero las noticias no sólo son para los medios masivos de comunicación, también hay noticias para el corazón de cada uno de nosotros. También ayer, recordé por cuarta ocasión en mi vida que mis padres cumplían 38 años de casados los mismos que yo tengo de vivo. No les llamé pero muy celebrado desde mi corazón fue el hecho.

La otra noticia es que después de casi ocho años de conflictivas relaciones personales, ayer finalmente me sentí liberado, no por ellas, sino porque el sentimiento de compartir con alguien como si fuera la regla inquebrantable finalmente se salió de mi pensamiento y mi corazón.

Pues bienvenidas todas las noticias de ayer.

Hoy esta siendo otro día.

viernes, 10 de junio de 2011

SE BUSCA SIRVIENTA DE PLANTA

Para cuando doña Catalina había terminado de clavar aquel letrero de “Se busca sirvienta de planta”, al lado de su tenebrosa puerta, ya estaba formado un nutrido grupo de oscuras, bajas y apenadas señoritas esperando ser entrevistadas.
Todas ellas se caracterizaban por su largo y bien cuidado pelo. De hecho, para muchas de ellas era un gran orgullo menear esa larga cabellera oscura que les llegaba a la mitad del cuerpo.
Muchas de ellas vestían zapatos de hule, lo cual no significaba que estuvieran feos. También era común entre sus ropas los colores claros llamados pasteles, que, sin duda, representaban su humildad y conformismo. Su único objetivo era conseguir el trabajo con doña Catalina.
Doña Catalina era una mujer loca y guapa, pero ya muy transformada por la vejez, que en muchas ocasiones le saltaba horripilante, sobre todo cuando intentaba peinarse, vestirse y maquillarse como si tuviera cualquier otra edad, menos la que en realidad tenía, y que le era tan evidente en sus manos con venas azuladas y cueros colgados hasta en el meñique.
Por las joyas de doña Catalina se interpretaba que sus arcas eran onerosas, pero ni con todo esto ocultaba su extrema y creciente locura.
En la fachada de su antigua casa, después de aquel primer anuncio solicitando “sirvienta de planta”, con el mismo mensaje empezaron a aparecer más y más anuncios. Llegué a contar 33 de ellos enmarcando la puerta principal. Variaban. Los había con colores diferentes. Diversos estilos de letra. Unos en cartulina escritos llanamente a mano y pegados de forma rústica, pero otros mandados a hacer especialmente para el caso en materiales de mica, loseta, grabado en madera, huecograbado, hierro fundido y forjado, incluso había un anuncio neón atrás de su ventana. En todos ellos se pedía insistentemente: “Se busca sirvienta de planta”.
Todos los días doña Catalina salía al balcón de su casa acariciando un gato distinto. Esto durante 15 años representó una gran incógnita entre sus vecinos.
La casa era grande como las demás, pero aún así dónde podía doña Catalina meter tantos gatos, tantos como para acariciar uno diferente en cada mañana durante 5 475 días.
Otra pregunta no contestada entre los vecinos era por qué entrevistaba todos los días a por lo menos tres muchachas que solicitaban el puesto de “Sirvienta de planta”.
Al medio día, después de acariciar a su gato, doña Catalina empezaba su rutina de entrevistas. Sólo una se quedaba con el puesto. Pero, al otro día, los 33 anuncios volvían a atraer a otras tres candidatas. Esto, como lo comenté con anterioridad, sucedió durante 15 años, lapso en el que la vejez y locura de doña Catalina se multiplicó por tres.
El último día que los vecinos vieron a doña Catalina, ésta era un cadáver andante. Sus ojos inyectados y una mezcla de ojeras con párpados caídos enrojecidos, le daban un aspecto fantasmal. Eso sí, sus joyas, peinado y maquillaje siempre fueron estupendos, no así su caminar cuesta arriba y su enorme bola en la espalda. Pero nunca usó bastón.
Los meses pasaron y doña Catalina sólo era recordada como la mujer de las sirvientas y de los gatos.
Nunca más se supo de ella nada.
Los comentarios ahora de los vecinos estaban totalmente concentrados en un nuevo salón de baile, que en un par de meses se convirtió en el centro nocturno más cachondo y excitante de la ciudad. De todas partes llegaban lujosos carros de los que bajaban todo tipo de gañanes y apasionados al baile tropical, cumbiero, salsero, rumbero, etcétera.
El lugar se distinguía porque su entrada era una enorme boca de gato abierta, que exhibía unos colmillos largos y algo retorcidos. Las meseras del lugar eran extremadamente guapas y se caracterizaban por su aspecto felino que seducía a cualquiera.
Otro de los grandes atractivos del mencionado centro nocturno, que por cierto era el punto más comentado entre los asistentes, era que todos los días, sin fallar, aparecía una nueva, hermosa y espectacular cantante. Durante quince años nunca se repitió ninguna cantante.
La decoración del lugar era un homenaje felino. En la totalidad de las paredes estaba mágicamente dibujado un gato único. Ninguno era igual ni semejante. Después se supo, a través de un curioso, que estaban dibujados 5 475 gatos.
Un día, sin razón aparente, el centro nocturno amaneció cerrado. De hecho, una noche antes se habían festejado los 15 años del ya mítico lugar.
Cuando los vecinos del barrio alertados por una profunda peste a animal muerto investigaron de donde provenía tan espantoso olor, dieron con el centro nocturno. Al abrir las puertas que simulaban una enorme boca de gato, en el centro de la pista de baile encontraron a miles de gatos muertos y, justo en medio, a una viejecita muy parecida a doña Catalina.

5 475 sacrificios valen 15 años más de vida bien vivida.

SUEÑOS PARA SOÑAR

Sueño que sueñas que nos hemos enamorado,
Siento que sientes mis dedos en tu vientre.
Recuerdo que recuerdas las horas mágicas de antaño
Dos formas completas que no se habían encontrado.

Sueño con tus sueños para ver hasta dónde llegaremos,
Y pienso que piensas en lo cierto de estos sueños.
Buscaremos más sueños a los lejos
Por ello duerme que yo seguiré soñando tus sueños.

SIN TÍTULO

Justo ahora que iba a verte se le ocurre al chofer salirse de la carretera. Venía yo leyendo. Ya había amanecido y faltaban como dos horas para llegar a verte y abrazarte y decirte todo lo que te había escrito. Y que se le ocurre al chofer quedarse dormido. Nomás de gratis. Porque ninguno de los que íbamos salimos caminando de ese tajo de camión que quedó todo chatarra. Y me pesa porque justo cuando el chofer estaba roncando iba yo pensando en que te iba a ver y además iba yo leyendo muy tranquilo después de haber dormido toda la noche. Después de haber soñado tanto con el gusto de verte y darte muchos besos. Ya había pensado a dónde íbamos a ir a desayunar. Hasta me estaba saboreando esos tamalitos de chipilín con camarón. Ya me estaba saboreando tu aliento después de haber desayunado. Y me estaba saboreando el cafecito allí en el parque de la marimba. Tú con tus ojos bien abiertos atenta a las tonterías que yo un día antes había planeado para quedar bien contigo.
Pero pues se quedó dormido el chofer y ni oportunidad de mandarte un mensajito tuve. Cuando me desperté no me dolía nada. Nada más veía como me escurría la sangre de entre mi playera. Después como que quise pararme pero no pude. Me quedé flotando por encima de los otros que seguían bien dormidos pero todos llenos de sangre. Creo que fui el primero en verlos bien dormiditos todos encimados. Con las maletas abiertas como si se las hubieran echado a puños en la cabeza. Todos estaban con caras de preocupación porque no estaban acostados así como para dormir. Sino que unos tenían los brazos hacia atrás como esos contorsionistas que andan en los circos. Otros de plano ni manos ni pies tenían. Pero eso sí, estaban todos bien dormiditos. Pienso que les molestaban los chorros de sangre que les salían a muchos de ellos de la cabeza. Después me quise salir del camión y no cabía por ningún lado porque las ventanas se habían hecho pequeñitas. A penas y entraban unos rayitos de luz. Me quise salir para explicarte que no iba a llegar a la hora que habíamos quedado porque el condenado chofer se había quedado dormido.

Buen rato estuve disque caminado porque yo me veía flotar por entre el poco espacio que había en el camión. Hasta que me cansé y de plano me acosté. Me quedé dormido y volví a soñar contigo. Con las ganas que tenía de llegar a la central. Verte a lo lejos para después abrazarte. Levantarte hasta mi boca y darte un bezote. Con qué ganas me quedé de besarte. Tan poquito que nos habíamos besado y tú que me habías dicho que te morías por un beso mío.

Nos fueron sacando poco a poco. Lo platico porque me acuerdo bien cuando sacaron a la señora que se quedó bien abrazada de su hijito. Ni así bien dormida lo soltó. Los camilleros los querían despegar y ella bien dormida parecía que hacía un esfuerzo enorme por no soltar a su hijito. A mí me dio mucha pena porque por más que les hablaba, gritaba y me movía frente a los socorristas, no me hacían caso. Yo les quería explicar que el chofer se había quedado dormido y que ni tiempo de darnos los buenos días tuvimos. Pero nadie me escuchaba por más esfuerzo que hacía enfrente de ellos y les gritaba en su carota y nadie me pelaba. Después vi como me sacaron en una camilla. Yo quería ver el paisaje que desde la mañana venía viendo. Estaba bien verde porque toda la noche había llovido. Estaba bien iluminado porque el sol estaba saliendo. Se oían los cantos de muchos pájaros. Ya ni siquiera podía distinguir qué pájaro cantaba. Me acuerdo que dejé de leer un poquito porque quería ver la presa. Esa presa que a veces parecía como un mar. Quería sentir el gusto de estar pasando por encima de tanta agua. Y por eso ya había corrido la cortinita del camión para ver tanta agua. Me imaginaba la cantidad de pescados que estaban nadando. Me imaginaba si yo estuviera debajo de tanta agua cuanto pesaría todo eso. Me estaba imaginando cómo los cerros se acercan para siempre a beber tanta agua. Me estaba imaginando que te iba a ver morena, sonriente, con ganas de besarte. Con tus dientes bien blancos y tu cara joven de felicidad. Me estaba imaginando cómo iba a poner mis manos en tus anchas caderas y cómo te iba a ver las uñas de tus piecitos bien pintadas de rojo carmín.
Pero pues el chofer se quedó dormido. Y cuando me estaban sacando ya no pude ver nada porque me pusieron una sábana blanca en la cara. Tanto que estuve haciendo el intento para salir de la chatarra de camión y no pude de lo pacho que estaba. Tantas ganas que tenía de respirar ese aire que sólo se encuentra en esos cerros y cerca de esa presa. Pero pues me pusieron esa sábana blanca en mi carota y ya no vi nada. Me subieron a una camioneta pero me sentía tan incómodo porque ahora sí veníamos todos tan juntos que ni respirar podíamos. No veía nada ahora sí. Yo sentía que me habían echado algo o a alguien encima. Pesaba mucho. A lo mejor era ese señor bigotón de sombrero que toda la noche cuando entraban las luces de los carros de enfrente le brillaba el diente de oro. Se quedaba dormido cada rato y de repente se despertaba como si alguien le hubiera insistido para que se despertara inmediatamente. Pero a los pocos minutos se volvía a acomodar y pa’ pronto empezaba a roncar. Yo creo que a este compa es al que me habían echado encima porque de verdad me faltaba el aire y no sentía que entrara a mi cuerpo. Por más que abría la boca no sentía que entrara aire. Empecé a mover la lengua y ya me habían puesto un buen puño de algodón. Ahora si menos podía hablar.

Me volví a quedar dormido pensando en ti. Me desperté porque sentí cómo me jalaban rápidamente y mi cabeza golpeó con la defensa trasera de la camioneta. De por sí que me dolía la cabeza y luego con esos jaloneos y golpes parecía que estaban jalando a un muerto. Después sentí mucho frío. Ya no sentía esa humedad que está allá en los cerros y la presa. Sentí mucho frío y me sentí muy solo. Ya no veía nada hasta que me jalaron pero no a mí sino donde estaba acostado. La luz me dejó medio ciego porque era un foco muy grande el que estaba encima de mí. Nada más alcanzaba a ver unos tapabocas azules, pero eran varios.

Yo tenía mucho frio pero cuando escuché tu voz me entró mucho miedo porque yo quería decirte cuánto te amaba. Cuántas ganas tenía de darte un beso. Me dio más miedo cuando tus lágrimas estaban cayendo en mi cara. Cuando vi de tu cara como salía un grito. Luego me di cuenta de que ya no te iba a poder besar. Que ya no te iba a cargar cuando me vieras llegando en la central de camiones. Me dio miedo tu cara y me dio pena haberme muerto.