Si bien es cierto que el minimalista ladrido del perro de mi vecina prácticamente se acabó, de verdad que hubo momentos en que pensé que me haría loco ya que después de dos horas contínuas el perro no tenía la decencia de modificar el timbre del ladrido; ahora se ha cambiado por el glorioso y muy mexicano cantito de un gallito; lo digo así porque el gallo o está casi afónico o se lo regalaron muy pequeño a mi vecina. Es verdaderamente ridículo su canto.
Lo cierto es que la sensación de vivir en una unidad habitacional, llena de grafiti, chavos banda, vecinos gandallas, carros viejos por las orillas de la calle y un chingo de platos rojos que dicen Dish, no es el mejor paisaje ni ambiente para escuchar el cantito de un gallito. En fin, me sigo sintiendo incómodo con el canto del gallo y feliz porque el ladrido del perro minimalista cesó.
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