Me estoy comiendo a Chiapas. Me estoy bebiendo sus ríos de aromático café. Estoy visualizando las manos de los campesinos recogiendo las cerezas de café que en este momento me estoy sirviendo. Estoy viendo esos cafetos llenos de inmensos cerros verdes llorados por cristalinos ríos que bajan de oscuras formas selváticas. El aroma de café me apasiona y su sabor estabiliza mis sensaciones que entre recuerdos familiares, admiración por la cultura chiapaneca ennoblecen mi alma al punto de volver a la naturaleza.
Estoy sintiendo a Chiapas. Un corazón late entre todos esos bellos ojos femeninos y ha pegado fuerte y acallado mi latido. Estoy sientiendo a Chiapas tan profundamente que la idea de no volverlo a ver no la voy a dejar a la suerte. Canto de alegría y escribo con cobardía porque volver a enamorarse es de valientes y este año me he enamorado del corazón de Chiapas.
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