viernes, 20 de noviembre de 2009

Una casa en la mosca

En honor a los cinco meses que llevo en mi casa vale la pena que comparta mi experiencia con uno de mis huéspedes más preciados.

Por cierto, esta mañana dentro de lo nebulosas que han sido durante estos cinco meses, volvió a aparecer un rayito de luz. Mejor no lo cuento porque con el aliento de las palabras se puede apagar y no volver a prender nunca. La verdad es que se ha apagado ya varias veces.

Pues vamos con mi huésped.

UNA CASA EN LA MOSCA

La casa de la mosca es mi casa,
una larga convivencia mantenemos ella y yo,
indeseada.

Mientras discuto, la mosca frota sus manos, pícara.
Mientras insulto, la mosca se mofa
y sobre un terrón de azúcar llora.

La mosca me acompaña cuando en el baño pienso
y ambos disfrutamos de aquellos vapores humanos.

La mosca es un punto en la pared,
un simple punto que hace sombra en toda mi casa.

La mosca mañana, tarde y noche.
La mosca en el café,
cagando páginas de Baudelaire.

La mosca cargando un matamoscas.
¡Qué descanso!
Pero mañana llegan otras.

La mosca es eterna
y sino péguenle otra vez.

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