Independientemente de las erudiciones del Premio Nobel de Economía y las barrabasadas de los funcionarios y legisladores mexicanos al decir que está en un error el Premio Nobel, es un hecho y una realidad que las empresas mexicanas (micro y pequeñas) no pueden vivir y mucho menos confiar en este tipo de declaraciones. Lejos de que la declaración del Premio Nobel sea una demanda contundente para generar un cambio en las políticas económicas y financieras del país es un anuncio negativo y gratuito para México. Días antes ya habíamos aparecido como uno de los países más corruptos del continente y del mundo.
Se valdría la declaración del Premio Nobel siempre y cuando pusiera por escrito y puntualizara realmente cuáles han sido los errores y quiénes han sido los responsables. Eso sí ayudaría a generar cambios. No es su chamba pero tampoco se trata de destapar las coladeras del caño y dejarlas abiertas. Es claro que las autoridades mexicanas por el momento no las cerrarán porque NO SABEN CÓMO. Eso es un hecho, por más que se esmeren son ineptos en sus puestos. Empezando por el ejecutivo.
En fin, sigamos las empresas mexicanas viendo de donde carajo comemos.
Así las cosas en las cúpulas ahora hasta de los Premios Nobel.
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